Opinión
Trump en La Moraleja


Periodista
Es primavera de 2021 y cunde el terror en el barrio madrileño de La Moraleja porque en la sección censal 35 del Liceo Europeo algún bromista o desalmado ha votado a Pablo Iglesias, el coletas, el comunista piojoso amigo del perro Sánchez. Los vecinos se preguntan cómo es posible que aquí, en la urbanización más rica de España, alguien se haya atrevido a depositar una papeleta tan mugrienta en nuestras urnas y no haya dado su aval a la presidentísima Isabel Díaz Ayuso, azote de pobres, consuelo de oligarcas y administradora de pandemias. Bastante molestia ya es el tema de la democracia como para que haya quien ande confundiendo libertad con libertinaje.
Los periodistas ponen rumbo a Alcobendas para intentar resolver el misterio, se deslizan por un paisaje de palacetes bruñidos y jardines de inspiración toscana hasta dar con un honorable ciudadano, usted qué opina, don Pelayo, y yo qué voy a opinar, aquí somos gente de bien, mire usté, dicen los resentidos que estamos cuajados de pasta y nos bañamos en Moët & Chandon, que nos pasamos el día en el club de golf y en la escuela de hípica, y no seré yo quien le diga que no, pero aquí al servicio siempre se le ha dado buen trato, al menos yo no he escuchado ninguna queja, para serle franco.
Pasan los años, Pablo Iglesias se corta la coleta y Díaz Ayuso se deshace de Pablo Casado con una meteórica patada en el trasero. En su justo reemplazo se sienta Feijóo, que es manso y buen chaval y hará lo que le manden en Madrid. De inmediato se multiplican los gobiernos autonómicos del PP y Vox. Dicen que dicen que Díaz Ayuso quiere un discurso más azul, más escorado hacia Cuelgamuros, porque Rocío Monasterio le aprieta las tuercas con modales de la Sección Femenina. Pero Monasterio se larga casi a la par que Espinosa de los Monteros y el voxódromo queda en las exclusivas manos de Santiago Abascal, hijo pródigo del PP y pupilo de Esperanza Aguirre.
Génova se echa el monte de la derecha radical con precauciones estratégicas. No conviene regalar el centro. Al fin y al cabo, ya tenemos a Vox en su papel histérico y marginal. Llegado el momento de gobernar, los hijos pródigos volverán a la casa de papá, al chalecito de La Moraleja que los vio crecer bajo el resplandor de los porsches y la gomina. Pero el PP se toma la licencia de enseñar tímidamente la patita. Díaz Ayuso pide un cambio en Argentina y Rajoy capitanea los apoyos españoles a Milei, el candidato de los ricos votado por los pobres, el presidente que está expropiando las instituciones públicas para regalárselas a los empresarios que lo sostuvieron.
Burla burlando, también los Estados Unidos cambian de manos y Donald Trump vuelve a la Casa Blanca por las buenas y sin rapiñas en el Capitolio. Póquer de ases en las verbenas de inauguración: Javier Milei, Santiago Abascal, Nigel Farage y Giorgia Meloni. Se sienta por ahí Éric Zemmour, líder francés de Reconquista y promotor de la teoría conspirativa del gran reemplazo. También está Tino Chrupalla en nombre de la AfD y en fiel agradecimiento por el apoyo que les brinda Elon Musk en Alemania. El magnate sudafricano se viene arriba y recibe a las masas levantando el brazo con una energía de inspiración romana, como si estuviera llamando a un taxi en el Valle de los Caídos.
Las pantallas doradas de La Moraleja reciben la nueva era con salvas de esperanza. Y es que en las tertulias televisivas siempre hay un politólogo de guardia que desempolva la bola de cristal y trata de predecir las incursiones estadounidenses en los nuevos mapas del mundo. Y resulta que Trump ha encastrado sus caballos de Troya a lo largo y ancho de nuestro continente, esa vieja Europa que se cree robusta y autosuficiente pero que en la práctica opera como un apeadero de Washington. Make America Great Again, dicen las gorras rojas trumpistas. Hacer que los Estados Unidos vuelvan a ser grandes a costa de que el resto del mundo se haga cada vez más pequeño.
Y ahora estamos de cachondeo porque Trump ha errado el tiro y le dice a David Alandete que piensa ahogar España a base de aranceles. Eso es lo que hay que hacer con los BRICS. Que apoquinen. El caso es que España no es un BRICS como China, Rusia, India o Brasil. Unos dicen que a Trump le patinan las neuronas y otros sugieren que el comentario pretende zaherir al Gobierno de Sánchez ubicándolo en la órbita de las naciones enemigas. No importa. Lo que cuenta es que ahí está Díaz Ayuso para prometer que sacará el país de los BRICS y lo dotará de nuevos esplendores trumpistas. Make España Una Grande y Libre Again.
¿Cómo ven los trumpistas los nuevos mapas del mundo? A Trump se le hacen los ojos cocacola mirando hacia Groenlandia. El vicepresidente J. D. Vance ordena a Europa que no se atreva a restringir los negocios de Musk y Musk se prodiga por el continente pidiendo intervenir Reino Unido, ondeando banderas de la AfD en Alemania y abrazándose a Meloni en Italia. Viktor Orbán ya dice que hemos pisado el primer escalón antes de “tomar Bruselas”. Si alguien cree que Trump no va a tratar de instalar un gobierno títere del PP y Vox en España mediante herramientas de desinformación masiva es que aún no ha entendido de qué va la vaina.
La idea de entrometerse en España no es nueva. En 2018, durante la primera legislatura de Trump, Vox contacta con Steve Bannon gracias a la intercesión de Rafael Bardají, ex asesor de José María Aznar, defensor de la guerra de Iraq y celestina de la derecha española con las élites neocon estadounidenses. Bardají visita la Casa Blanca de Trump primero como miembro del PP y después como miembro de Vox. La diferencia entre una y otra sigla es coyuntural. La tarea de Bardají, dice el periodista Miguel Mora, es refundar el espacio de la derecha española con un planteamiento ideológico diseñado junto al propio Aznar.
Tampoco la idea de “tomar Bruselas” es novedosa. Los recientes alborotos de Musk en Europa son un eco de las alianzas trenzadas por Bannon con Alice Weidel, Marine Le Pen, Matteo Salvini o Viktor Orbán. El sueño de ensamblar una gran internacional populista está ya al alcance de la mano. Pero antes habrá que cargarse a Sanchinflas, padre de todas las felonías, que nos ha metido en los BRICS sin avisarnos. El problema es que el muy traidor es capaz de aguantar toda la legislatura. Pero llegarán las elecciones en 2027 y La Moraleja entera gritará “Ayuso presidenta”. Volverán los porsches victoriosos a aparcarse frente el Liceo Europeo y llenaremos una vez más las urnas con el deseo, eso sí, de que esta vez ningún bromista o desalmado se equivoque de papeleta.
Comentarios de nuestros suscriptores/as
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros suscriptores y suscriptoras, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.