'A dos velas': un documental sobre el estrago de los continuos cortes de luz en los barrios obreros de Sevilla
El largometraje estrenado esta semana muestra la gran movilización ciudadana en el verano de 2022 contra unos apagones que, con menor intensidad, continúan tres años después

Sevilla--Actualizado a
Los cortes de luz que sufren con frecuencia miles de personas en los barrios obreros de Sevilla han llegado al cine. El documental A dos velas, estrenado esta semana en la capital andaluza, narra lo sucedido en el verano de 2022, cuando los vecinos, hartos de enfrentarse sin aire acondicionado, ventiladores ni nevera a sucesivas olas de calor extremo, ocuparon varios centros municipales exigiendo soluciones. A raíz de eso, los problemas del suministro eléctrico se solucionaron, pero no del todo, porque los cortes han continuado y este pasado miércoles han tenido que volver a manifestarse ante la sede de la compañía Endesa, que atribuye los fallos a la proliferación de cultivos de marihuana en el interior de viviendas.
Hay muchos planos en negro en el documental de Intermedia Producciones, que dirige Agustín Toranzo, con guión de Mariano Agudo y Bibiana Vaxevanos. Pero ese negro no es un recurso artístico ni narrativo. La pantalla está oscura porque las casas están a oscuras en los vídeos grabados por vecinos de barrios de Sevilla como Padre Pío, Palmete, Su Eminencia o Cerro del Águila, donde la luz se va durante horas, muchos días, sobre todo cuando aprietan el calor y el frío y la red eléctrica no aguanta tantos aparatos de aire acondicionado y calefacción enchufados a la vez.
En medio de una penumbra iluminada tan solo por la luz de la pantalla del móvil, una mujer, con voz nerviosa, dice angustiada: “Esta es mi casa, a oscuras, todo a oscuras. Señores, que nos estáis matando. Endesa, que ya no sé a quién dirigirme. Por favor, el que escuche esto que dé voz de alarma”.
Es uno de los testimonios que aparecen en el documental A dos velas, grabado con el móvil durante una de las muchas noches en las que miles de personas de los barrios del sur y este de la capital de Andalucía han tenido que afrontar temperaturas muy altas sin poder enchufar ni siquiera un ventilador, con la comida echada a perder en la nevera, con personas enfermas que no podían conectar sus aparatos para respirar y otras de avanzada edad desconectadas de su botón de teleasistencia para avisar de posibles emergencias.
Pero hay muchos más. Chari, del barrio de Su Eminencia, dice en otro momento: “Tenemos un problema bien gordo con la luz. Llevo de tres a cuatro días esperando fuerza en la luz para poder poner una lavadora”. Paqui, de Padre Pío, muestra entre la penumbra la máquina de la que depende totalmente su marido, conductor de autobuses, para poder dormir, una máquina imprescindible que no pueden conectar porque se ha ido la electricidad. Pedro, pensionista, también a oscuras, se lamenta: “por culpa de Endesa no tengo una vida digna”. Y una chica joven, a la luz de unas velas, se presenta: “Hola, me llamo Andrea, soy estudiante. Vivo en Padre Pío y he conseguido sacar el bachillerato y la selectividad teniendo que estudiar con velas”.
Toñi Reyes es otra de las vecinas afectadas por los frecuentes cortes de luz que aparece en el documental. Su hija también tuvo que preparar el examen de selectividad estudiando con la luz de una vela. “Fue duro”, dice a Público esta mujer, que participó en las ocupaciones de tres centros cívicos del ayuntamiento durante varias semanas en el verano de 2022 para exigir soluciones, las mismas que sus padres habían tenido que pedir años antes para que pusiesen en el barrio alcantarillado, un centro de salud, colegios, asfaltado... “Otra vez volvemos a ser abandonados y otra vez tenemos que volver a luchar para que nos escuchen y nuestros barrios no se conviertan en guetos”, resume.
“El problema es el paro, el abandono”
La compañía eléctrica atribuye los cortes de luz a la sobrecarga de suministro que acarrean los cultivos ilegales de marihuana dentro de algunas viviendas, pero Toñi Reyes no lo ve así: “Siempre hablan de marihuana, pero es el paro, que la gente no llega a final de mes, el abandono; eso es lo que está pasando en Sevilla, que es la ciudad con el mayor número de barrios pobres en España. Y si hay enganches ilegales, actividades fraudulentas, no es un problema de los que pagamos cada mes la factura de la luz, que es muy alta”.
En casa de esta vecina de Padre Pío, en el sureste de la capital andaluza, han tenido que afrontar las calores de más 40 grados del duro estío sevillano echándose al suelo, buscando ahí algo de frescor cuando los cortes de luz les han dejado sin el alivio de ni tan siquiera un ventilador, tratando así de disminuir la temperatura corporal para soportar un infierno cada vez más acentuado a causa de la crisis climática.
Esa fue una de las razones para ocupar los centros cívicos municipales, porque allí había aire acondicionado. Esos centros se convirtieron en refugios climáticos para cientos de personas a quienes los cortes de luz dejaron exhaustos, sobre todo a las personas mayores, con más dificultades para aguantar temperaturas tan extremas.
La plataforma Barrios Hartos fue la que canalizó aquellas protestas. Ángel Carrique, portavoz de esa organización vecinal, recuerda a este periódico que la ocupación del centro cívico del barrio La Plata fue la espoleta que desató la gran movilización ciudadana contra los cortes de luz. “Ellos (la compañía eléctrica) hablaban de los cultivos de marihuana, pero los cortes se producen en todos los barrios cuando hay mucho frío o mucho calor”, matiza.
Las consecuencias del corte del suministro son enormes, según este portavoz vecinal, quien asegura que ha habido, incluso, personas que han muerto a causa de la falta de electricidad en sus casas durante periodos prolongados, de hasta más de doce horas diarias. En el documental se muestra el testimonio de una mujer que asegura que su marido, tras haber salido del hospital por una neumonía, falleció porque no pudo encender el aparato que le habían dado para su tratamiento.
Los cortes y las bajadas de tensión continúan
Las movilizaciones vecinales surtieron efecto. Endesa anunció la instalación de doce centros de transformación para reforzar y mejorar la red de suministro de los barrios afectados por los cortes, pero los apagones no terminaron por completo. Los problemas, aunque menos extendidos, siguen, en unos casos con cortes de luz y en otros con bajadas de tensión imprevistas que estropean los electrodomésticos conectados a la red.
Toñi Reyes dice que los cortes ahora son por fases y por zonas: una semana les toca a unas calles y a la siguiente, a otras. “No sabemos sin son cortes programados o no. Por eso tenemos mucha incertidumbre. En Palmete, por ejemplo, se está yendo la luz casi todos los días en unas mismas calles y, dentro de una semana, pasa lo mismo pero en otras calles. Han puesto transformadores nuevos, pero todavía falta por arreglar toda la red. Tendrían que hacer una reforma en condiciones para que el problema se solucione del todo”, concluye.
Agustín Toranzo, el director del documental, participó en las ocupaciones de los centros cívicos, aunque no era de los vecinos afectados. Él se solidarizó con quienes estaban sufriendo cortes de luz continuos en un verano en el cual el termómetro alcanzó los 45 grados. Y luego decidió que había que contar todo eso, que todo el mundo debía conocer lo que estaba sucediendo en tantos barrios de Sevilla, donde había “gente que lo estaba pasando muy mal”.
Sin embargo, en el documental no se habla sólo de los cortes de luz en esos barrios, también se abordan otros temas relacionados con ese problema. “No sólo son los cables, los transformadores. Eso es verdad, pero hay más cosas”, subraya Toranzo a Público.
Otros grandes apagones en el mundo
En el largometraje se habla también del cambio climático, de las energías renovables y los nuevos modelos energéticos y de graves problemas de falta de suministro que ha habido en otras partes del mundo, como California, en Estados Unidos, Senegal, Kurdistán o Puerto Rico, donde, al igual que ha ocurrido en Sevilla, se ha producido una gran contestación ciudadana. “Queríamos romper el estigma de que que roban la luz, que eso es cosa de pobres, mostrando que eso también pasa, por ejemplo, en California, el estado más rico de EEUU, donde ha habido cortes de luz brutales cuando hay temperaturas muy altas y se consume mucha energía”, explica el director.
Que haya deficiencias de tal envergadura en el suministro de tantas partes del mundo genera muchas preguntas acerca de lo que está sucediendo con el abastecimiento eléctrico, con las viejas y las nuevas fuentes de energía. “En España, sólo hay cortes de luz generales en la zona donde abastece Endesa, pero no en la de Iberdrola. ¿Por qué allí no y aquí sí?”, se cuestiona Toranzo, quien confía en que el documental sirva para profundizar en este debate y enriquecerlo, para que “no se hable sólo de cables”.
Durante la investigación para la elaboración del largometraje, sus responsables comprobaron que uno de los cortes de luz más habituales en algunos barrios de Sevilla se produce a lo largo de todo el año, y casi diariamente, a la misma hora, entre las siete de la tarde y las once de la noche, es decir, coincidiendo con la caída del sol y el cese, por tanto, de la energía obtenida de los paneles solares. “La gente llama a Endesa y les dicen que la luz volverá a las once de la noche”, asegura el director de la película.
La declaración de emergencia que no llega
Una muestra palpable de que los cortes de luz no han terminado es que el pasado miércoles la plataforma Barrios Hartos convocó una nueva concentración delante de la sede principal de Endesa en Sevilla, donde consumidores afectados presentaron reclamaciones por los fallos continuos en el suministro eléctrico que sufren en sus hogares.
Pero el caso es que el pleno del ayuntamiento aprobó el pasado verano la declaración de una emergencia energética y la puesta en marcha de un plan de contingencia para hacer frente a los cortes de luz en los barrios más afectados por los cortes de luz. Sin embargo, según Ángel Carrique, nada se ha hecho aún al respecto. “La gente está muy quemada ya y nos merecemos vivir dignamente, porque somos trabajadores, somos los que mantenemos al país y merecemos lo mismo que los demás”, subraya, por su parte, Toñi Reyes.
A ese hartazgo del vecindario de los barrios obreros contribuye, en buena medida, lo que sucede en otras zonas de la ciudad, más céntricas y con población de mayor poder adquisitivo. “Una de las cosas que más cabrea a la gente es el agravio comparativo”, afirma el portavoz de Barrios Hartos. El agravio, explica Carrique, es ver que en la Feria de Abril de 2023 pusieron un generador portátil de electricidad en cuanto se produjo un corte que la dejó sin luz, mientras que a sus barrios no llevan ni uno de esos generadores pese a que tienen los mismos problemas con el suministro y cada dos por tres.
“Es como lo que está pasando con los autobuses del Polígono Sur. La gente se mueve, no por lo absoluto, sino por lo relativo, cuando ve que está peor que otra gente. Eso es lo que indigna, que haya una ciudad para los turistas y otra para los camareros”, se lamenta el portavoz vecinal.
La batalla política también ha estado presente en este grave problema de suministro de un bien básico como la electricidad. El gobierno del PP en la Junta de Andalucía, en la misma línea que Endesa, lo achacó exclusivamente a la actividad de los “narcopisos” que proliferan en los barrios afectados, disparan el consumo de energía para el cultivo de marihuana y provocan incendios en los transformadores, dijo su consejero de la Presidencia. Y la Delegación del Gobierno central progresista le respondió que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado no tenían ninguna evidencia que relacionase los frecuentes apagones con las plantaciones de plantas de cannabis en el interior de viviendas, que lo que había era, sobre todo, un “problema de inversiones” en la red eléctrica y su mantenimiento.
Ángel Carrique tampoco cree que el problema se circunscriba a las plantaciones ilegales de marihuana. “Las instalaciones eléctricas -advierte- no están dimensionadas para la población actual, que ha crecido mucho, y para las necesidades de consumo de ahora, que son mucho mayores. Han cerrado muchos cultivos de marihuana y siguen los apagones. Eso demuestra cuál es la verdadera razón de los cortes”.
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